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Retos de la transición a la agricultura orgánica

Para los consumidores, el cambio hacia una alimentación basada en la agricultura orgánica es posible

Retos de la transición a la agricultura orgánica

Retos de la transición a la agricultura orgánica

México. – Si queremos avanzar hacia las bondades de la agricultura orgánica, dicen sus partidarios, tendríamos que comenzar adoptando dos grandes medidas: comer menos carne y no desperdiciar tanta comida.

Hay debates sobre determinadas situaciones que son capaces de soliviantar a cualquiera. Por ejemplo, ¿deberíamos dormir junto a nuestro bebé o dejar que él lo haga en su propio espacio? Una vez que superamos la etapa infantil ¿deberíamos beber leche o no hacerlo? ¿Deberíamos adoptar la agricultura ecológica o seguir adelante con agricultura industrializada?

En esta última, los agricultores aplican fertilizantes obtenidos por síntesis química para ayudar al crecimiento de las plantas con nutrientes como el nitrógeno, en el momento en que los cultivos lo necesitan. En esta opción también se utilizan pesticidas artificiales para librar a los cultivos de las malezas, las plagas y las enfermedades.

La agricultura orgánica propone emplear los residuos de los propios cultivos como fertilizantes, y utilizar sistemas de rotación (alternar con diferentes cultivos) en los que se empleen vegetales como las legumbres para recuperar la fertilidad de los suelos que se han desgastado con otros cultivos.

De hecho, un grupo de investigadores suizos ha establecido qué tipo de cambios serían necesarios para que la agricultura orgánica pudiese sustituir a la agricultura industrial y alimentar los 10 mil millones de personas que se supone poblarán la Tierra en el 2050.

El cambio hacia una alimentación basada en la agricultura orgánica es posible, dicen esos investigadores, por ejemplo, bastaría con superar dos grandes problemas:

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1. Aceptar el hecho de que los rendimientos de la agricultura orgánica son 30% inferiores a los que se logran con la agricultura industrializada. Y

2. Aceptar el hecho de que la agricultura industrializada ocupa el 99% de la tierra cultivada del planeta.

El problema fundamental

La agricultura orgánica reduce el uso de pesticidas casi por completo y el de fertilizantes a menos de la mitad, pero adolece de un problema fundamental: su menor rendimiento, con cosechas hasta 30% inferiores a las de la agricultura industrializada. Lo que la convierte en una alternativa poco viable en un mundo con una población creciente y con un territorio limitado para el cultivo (hasta ahora, el porcentaje mundial de tierras cultivadas con agricultura orgánica es cuando mucho del 1%).

Además, este tipo de técnicas son especialmente inferiores cuando se trata de cultivar grandes extensiones de cereales como el trigo, que suponen una gran parte de la producción mundial de alimentos.

Sin embargo, hay grupos de defensores de la agricultura orgánica que consideran viable la transición hacia esa forma de producir los alimentos que requiere la humanidad, minimizando el impacto ambiental.

La propuesta

El mes pasado, un equipo internacional de investigadores liderado por Adrian Muller, del Instituto de Investigación sobre Agricultura Orgánica (FiBL) en Frick, Suiza, publicó en la revista Nature Communications un trabajo en el que propone los cambios necesarios para que la agricultura orgánica produzca los alimentos que requiere la población mundial.

Su análisis reconoce que el uso generalizado de la agricultura orgánica requeriría cultivar más tierras vírgenes para compensar su menor productividad.

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No obstante, tiene un menor impacto ambiental compensado por varios beneficios, como por ejemplo un menor uso de pesticidas y de fertilizantes.

En la agricultura industrial, el nitrógeno obtenido de forma artificial se aplica cuando las plantas lo necesitan, pero si no se usa con mesura, los excesos suelen acabar arrastrados a los cuerpos de agua (ríos, arroyos y pozos) dañando a los seres que los habitan y haciendo que el agua no sea potable.

Por el contrario, en la agricultura orgánica, se emplean recursos como los propios residuos de cultivos para mejorar la fertilidad del suelo a más largo plazo, lo que reduce los riesgos de contaminación.

Con información de Vanguardia

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